sábado, 11 de mayo de 2013

La ética progresista


Primer acto: El presidente del Ecuador, Rafael Correa, amenaza al embajador de los EEUU en su país por entrometerse en los asuntos internos del Ecuador. ¿Qué hizo el condenado embajador? Simplemente asistir a un congreso sobre libertad de expresión al que fue invitado y en el cual, como era obvio, habló de libertad de expresión.

Segundo acto: el presidente de Venezuela se refiere al canciller del Perú en términos amenazantes y despectivos, incluso advierte al gobierno del presidente Ollanta Humala. ¿Qué hizo el canciller? Invocar a que en Venezuela prime el diálogo y la tolerancia. Nada más.

Tercer acto: La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, órgano oficioso de la CIDH, siempre atenta a los conflictos sociales y presta a condenar la represión policial y militar de las manifestaciones populares, no ha dicho una sola palabra sobre lo que ocurre en Venezuela, pese a la condena oficial de la CIDH. El último interés internacional de la CNDDHH ha sido celebrar el juicio del ex dictador Rios Mont en Guatemala.

En el lado personal, salvando las distancias, podría añadir un epílogo: la clausura de mi blog en La Mula, sin duda a raíz de mi artículo sobre Javier Diez Canseco, que además ha sido eliminado del servidor. Todo intento de abrirlo desde Google arroja el mensaje "This site has been archived or suspended".

¿No hay algo extraño en toda esta conducta del progresismo Latinoamericano y peruano? 

Quiere decir que hablar de libertad de expresión en Ecuador o invocar al diálogo en Venezuela constituyen graves ofensas que incomodan a los sátrapas que gobiernan. Publicar un artículo en una "plataforma bloguera" como se supone es La Mula debe gozar del beneplácito del progresismo caviar que la administra o será censurada. Peor aun, el infractor será expulsado de la plataforma, convertida ya sin decoro alguno en baluarte del chavismo. La cucufatería caviar que maneja la CNDDHH es indolente con el trato que reciben los opositores al chavismo y la criminalización de la protesta en Venezuela, mientras acá santifican toda protesta y condenan toda intervención policial.

Algo raro pasa cuando los autoproclamados defensores de los DDHH, la ética y la honestidad tiran por la borda todos estos principios para defender satrapías chavistas y progres delirantes, asumiendo plenamente el rol de "sirvientes del imperialismo", pues el chavismo exportado desde Venezuela con asesoría cubana, no es más que un imperialismo subdesarrollado. Estamos sin duda frente a una segunda oleada del comunismo, hoy llamado "socialismo del siglo XXI", que ya no viene armada pero mantiene los mismos malos modales de antaño, junto con la misma intolerancia, arrogancia, prepotencia e hipocresía.

Al menos sabemos perfectamente que cuando el progresismo toma el control, lo primero que se pierde es la libertad de expresión y el derecho a disentir. Esta es una lección que debemos tener siempre presente.