jueves, 16 de mayo de 2013

Dos rojos lloran por más cámaras


Como si no fuera suficiente con tener que soportar la sempiterna presencia de Carlos Tapia en la televisión nacional, entre otros representantes de la izquierda criolla que gozan de las preferencias notorias de muchos periodistas y a los que incluso ensalzan como especialistas o sabios, esta mañana Nicolás Lynch se ha quejado de que no hay ningún programa de izquierda en la TV nacional. Carlos Tapia, a su turno y faltando a la verdad, se ha quejado de que rara vez son invitados. Es el colmo que precisamente Carlos Tapia se queje de esto cuando lo único que le falta es que lo inviten a Combate.

Ahora si la TV nacional no tiene un programa de izquierda o un canal de izquierda será porque la gente de izquierda prefiere vivir mamando cómodamente la financiación extranjera en sus ONGs en lugar de apostar por un canal y trabajar para competir en el mercado. Lo que sí tiene la izquierda son diarios y programas de radio a nivel nacional, y en cantidades fabulosas, sin contar con las radios y publicaciones informales, para no hablar de los libros y revistas que siempre han sido el fuerte de la izquierda gracias a ONGs como IEP.

No se puede pues hablar de que hay un "copamiento de la derecha en los medios", siguiendo el viejo discurso progresista. Si no tienen un programa de TV es porque no quieren alquilar un espacio. Conductores rojos han tenido, pero tuvieron que salir por díscolos, desequilibrados y malcriados, como fue el caso de César Hildebrandt que se paseó por todos los canales de la TV. Hoy sigue siendo invitado estrella en muchas ocasiones. Hasta hace poco el rojerío tuvo un programa en canal 11 llamado "Radikales Libres", conducido por Alejandro Saco y Raúl Wienner. Pero no prosperó por aburrido. Ser aburrido en canal 11 es  ya un verdadero record.

Pero a decir verdad ¿qué cosa tiene que ofrecer la izquierda como para querer salir en pantalla? Acabamos de escuchar a Nicolás Lynch pontificar a favor de la dictadura chavista de Maduro, sin el más mínimo rasgo de crítica pese a la mala imagen mundial que genera. Peor aun, sostiene que esa mala imagen es producto de una confabulación dirigida por la SIP, donde, según dice, "están los dueños de los principales medios", como si eso lo explicara todo. Acto seguido, preguntado sobre el indulto a Fujimori, se ha dedicado a recordar la corrupción de su régimen. Claro que no tiene el mismo respeto por la ética cuando se trata del régimen de Venezuela, considerado el más corrupto del planeta en este mismo instante. 

Como se ve, no hay nada nuevo ni en el discurso ni en la actitud de la izquierda. En cada ocasión que tienen estos rojos antediluvianos repiten la misma cháchara que vienen cacareando hace 40 años. No vale la pena invitarlos a hablar. Ya sabemos de antemano lo que van a decir. Lo que citan es la doctrina marxista según la cual todo lo que hay en este mundo está hecho por y para el poder del gran capital. Desde la cultura a la religión, pasando por el Estado y la democracia, son elementos de la superestructura capitalista de dominación, por lo tanto hay que destruirlo todo para imponer un nuevo orden. Cualquier oposición es parte de esa nefasta superestructura de dominación que debe ser aplastada. 

Para escuchar las mismas estupideces no hace falta invitar a ningún rojo fracasado y sobreviviente de la aniquilación de los dinosaurios del comunismo. Estamos hartos de ellos.