martes, 12 de marzo de 2013

Venezuela: todo tiene su final


Por Mario Saldaña

Un amigo y colega venezolano me comentaba la semana pasada que con la muerte de Chávez lo único que cambia para los demócratas de su país es pasar de los simples buenos deseos a abrigar una luz de esperanza de un cambio a futuro.

Debo confesar que ese limitado optimismo me confundió, pero tras escuchar la larga lista de hechos (ni siquiera razones) sobre el grado de copamiento y control de casi todas las instituciones claves del país (no solo el Ejecutivo y el Legislativo sino los órganos jurisdiccionales hasta sus máximas instancias, la gran mayoría de gobernaciones y municipios, el banco central, las Fuerzas Armadas, el grueso de los medios de comunicación, empresas públicas e incluso hasta el órgano electoral), además de las relaciones clientelares creadas tanto masiva como selectiva y políticamente con organizaciones sociales a nivel nacional, recién entendí por qué lo de la leve esperanza.

Incluso, se preguntaba Luis Felipe, mi amigo, "¿crees por ventura, que en un hipotético triunfo de Capriles, un nuevo gobierno podrá en 7 años siquiera desarmar el 20% de la estructura de poder creada por Chávez en 14, pero aceitada a diario por miles y miles de seguidores que son capaces de salir a las calles armados a no ceder un centímetro de lo hasta hoy logrado?".

Luego, pensaba yo, solo dos elementos podrían permitir el inicio de un cambio real para Venezuela. Que se destape un circuito perverso de corrupción generalizada (que existe pero que sigue debajo de la alfombra o frente a la cual hay un grado suficiente de permisibilidad) o la profundización de la crisis económica, entendida ésta, como una escalada aún más indetenible de la inflación y de la escasez de productos esenciales que simultáneamente haga menos efectivos los programas asistencialistas dirigidos de manera constante a un alto porcentaje de la población.

Si Maduro, como es previsible, gana el 14 de abril (dicho sea de paso, luego de burlar a su propia Constitución bolivariana por haber juramentado como presidente encargado) tendrá en el frente interno su principal reto. Ya que es un escenario casi negado que asuma la corrección del manejo económico a través de un ajuste, lo hará vía más déficit y más emisión; pero para que ello sea posible, requiere un precio del crudo encima de los 90 dólares, un acuerdo con los chinos para que no castiguen su deuda, buenos modales con Washington para seguir vendiendo petróleo en términos competitivos, junto a una diversidad de factores adicionales, pero sobre todo, mucha pero mucha suerte para seguir inyectando droga a una economía adicta.

Si yo fuera chavista, y más, chavista militante, tras la muerte de su líder y comandante Hugo Rafael, pero además viendo en perspectiva el futuro, recordaría más que nunca la letra de esa salsa (esa sí inmortal) de Héctor Lavoe que dice: "todo tiene su final, nada dura para siempre".