lunes, 18 de febrero de 2013

La agonía de Lima


Definitivamente no podía faltar el circo en esta campaña electoral. Pero..¡oh sorpresa! Esta vez les tocó mover la cadera a los señoritos de la caviarada limeña que antes abominaron del baile del Chino. Habría que rebuscar en los archivos para recordar aquellas columnas indignadas que los intelectuales progresistas publicaban con toda clase de adjetivos peyorativos para referirse al estilo circense de la campaña fujimorista. Hoy he buscado bien y nada. No encuentro ni una sola mención al show llamado "La Gran Fiesta por el NO" que contenga comentarios parecidos. De hecho, cuando la caviarada, la progresía y el rojerío en pleno se divierten con la farándula chichera la cosa vale. En ese caso es un evento cultural.

Todo lo que hemos visto son fotos donde la alcaldesa y su corte de franeleros de la frándula (no sé si contratados) aparecen de brazos cruzados dispuestos a bailar el kazachok. Sin embargo, según la elevada sapiencia de Julio Cotler, también esta vez el "emputecimiento" de la política la hace, otra vez y como siempre, la derecha. La presencia de "artistas" de talla mundial como La Sarita y Leuzemia, así como actores de la serie cultural "Al fondo hay sitio" elevan la política nacional del lado de la izquierda, quienes han hecho tremendo aporte al acervo musical de la patria con la pegajosa cumbia "Lima No puede parar". Como vemos, la izquierda solo hace aportes a la cultura y a la ética política.

Pero también, hay que reconocerlo, están haciendo aportes a la magia para mostrar obras inexistentes, primeras piedras y maquetas de proyectos que serán el salto a la modernidad para Lima en el futuro. Susana Villarán nos seduce con su invitación a continuar en este maravilloso sueño de obras invisibles, obras que trascienden lo material y se alojan en la mente del ciudadano, en su corazón, en su espíritu. Las obras culturales que Lima tanto necesita no son de fierro y cemento. Son espacios, momentos, oportunidades que se crean para que todos podamos sentirnos parte de una comunidad. 

Por eso: Lima no puede parar... de soñar. Debemos continuar el sueño dulce de la fantasía progresista. El logro de la ciudadanía, de los derechos, de la igualdad social con toda la diversidad sexual y cultural que es el orgullo para nuestra ciudad.