sábado, 26 de enero de 2013

Uchuraccay: historia de una infamia


Uchuraccay es una localidad ayacuchana en las alturas de Huanta, donde el 26 de enero de 1983 fueron asesinados ocho periodistas y su guía, más un comunero. Este penoso acontecimiento ocurrió a menos de dos años de iniciado el accionar subversivo y terrorista del PCP- Sendero Luminoso luego de que estos incursionaran en las comunidades más alejadas y desguarnecidas de la puna ayacuchana para someterlos, adoctrinarlos y obligarlos a ingresar a las filas del partido. Como estos se resistieron, los cobardes senderistas iniciaron su orgía de sangre asesinando inocentes campesinos. 
Alejandro Huamán (dirigende de Uchuraccay) fue conducido a la plaza del pueblo, siendo sometido a un juicio popular y encerrado en el local comunal. En horas de la tarde, a pesar de los ruegos de su esposa, hermanos e hijos, fue asesinado baleado en la frente (CVR).
A causa de las incursiones senderistas y de las atrocidades que cometían, las comunidades decidieron organizarse y enfrentarlos. Para enero de 1983 ya se conocían de algunas masacres ocasionadas a militantes del PCP-SL por parte de los comuneros, quienes luego bajaron a pedir ayuda a las autoridades. 
El 21 de enero, ... se produjo la matanza de siete miembros del PCP SL en las comunidades de Huaychao y Macabamba. Los comuneros, luego de recibir amistosamente a la columna senderista en el local comunal, coreando sus arengas en pro de la lucha amada y el camarada Gonzalo, como solía ocurrir, los detuvieron y asesinaron a cuatro miembros del PCP SL en Huaychao y tres en Macabamba. Por esos mismos días, cinco miembros del PCP SL fueron asesinados en Uchuraccay (CVR)
Al conocerse estos hechos las reacciones fueron de dos clases. Por parte del gobierno y la ciudadanía fue de aprobación pues las propias comunidades indígenas habían decidido enfrentar a los terroristas con sus propios medios. 
[Belaúnde] Justificando la muerte de los siete miembros del PCP SL, señaló también que la respuesta campesina era un ejemplo de patriotismo que hacía palpable el «resurgimiento de Ayacucho» frente a la «basura ideológica» del PCP Sendero Luminoso (CVR) (Comillas en el texto original).
Por parte de la izquierda peruana la actitud fue de incredulidad, seguros como estaban por su credo ideológico de que la guerra popular era inminente. Según sus sagradas escrituras, el campesinado apoyaría indubitablemente el accionar guerrillero y conformarían las sólidas bases populares que marcharían del campo a la ciudad en columnas disciplinadas para tomar el poder. Sin embargo las noticias parecían contradecir el credo marxista. Los izquierdistas simplemente no lo podían creer. Así que decidieron investigar.

El ambiente en las alturas de Huanta era de histeria bélica. Los campesinos ya habían sufrido suficientes vejámenes, abusos y masacres de parte de las huestes de SL. Estaban pues muy sensibilizados contra cualquier foráneo, pues no era común verlos y cuando empezaron a aparecer resultaron ser terroristas. Los militares, a quienes los comuneros habían pedido apoyo, les explicaron que les llevarían ayuda pero siempre llegarían por aire, en helicópteros, de manera que cualquier grupo extraño a pie tenía mucha posibilidad de ser terrorista. 
Luego de producidas las muertes de los senderistas en Huaychao, Macabamba, Uchuraccay y otras comunidades, la población se organizó rápidamente temiendo represalias. Las autoridades de las comunidades coordinaron el patrullaje de la zona, estableciendo sistemas de vigilancia desde las cumbres de los cerros, usando cornetillas como señal de alarma y pernoctando en las laderas de las montañas. En la memoria de los uchuraccaínos este momento es recordado por el estado de alarma en que vivían. Los comuneros sabían que los miembros del PCP SL buscarían venganza, pues habían contraído lo que el PCP Sendero Luminoso llamaba «deuda de sangre con el partido» (CVR).
En medio de las dudas un grupo de periodistas limeños, especialmente del izquierdista "Diario de Marka", que más adelante se convertiría en vocero del senderismo, decidieron ir por su propia cuenta y riesgo a investigar las noticias de las masacres que los comuneros asestaban a los "guerrilleros" de SL, pues en sus fueros internos parecían estar convencidos de que tal cosa era imposible: tenían que ser los militares. Ya desde entonces empezaron a señalar sin duda alguna que toda esa historia de comunidades ejerciendo la autodefensa tenía que ser una patraña urdida por los militares.

Por desgracia la historia era cierta. Los periodistas obviamente evitaron todo contacto con las autoridades y se fueron contratando un guía local para ver in situ la verdad. Y vaya que la vieron. Cuando llegaron a Uchuraccay fueron confundidos con senderistas y la comunidad les dio muerte en menos de media hora. Todo fue un lamentable malentendido. Pero lo más lamentable fue la sucia historia que toda la izquierda empezó a tejer a partir de esos trágicos sucesos en contra de las FFAA.

Esa masacre de periodistas sacó a la luz el verdadero papel que la izquierda peruana tenía frente al accionar terrorista de Sendero Luminoso: apoyo incondicional. El rol de la izquierda fue proteger a Sendero Luminoso acosando a los militares y llenando las páginas de sus diarios con toda clase de mentiras infames contra el personal militar y el gobierno. Fue el momento en que crearon esa cloaca comunista que hoy es la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, con la primordial misión de acosar a los militares sin tregua, papel que nunca dejaron de cumplir hasta nuestros días. Lo primero que hicieron fue culpar a los sinchis. 

Hoy mismo podemos leer en las columnas de izquierda sus clásicas y cobardes mentiras en torno al accionar militar en la lucha contra la subversión. En el editorial de La República que se refiere a la masacre de Uchuraccay puede leerse una increíble pretensión de equiparar el accionar de nuestras FFAA con el nivel de insanía mental con que actuaba SL:
"...tierras donde los conceptos de paz, fraternidad y derechos humanos habían quedado abolidos por la violencia, aplicada desde lados de signo contrario con igual ferocidad" (La República, 26/01/2013).
Por su parte, en el diario La Primera, el incorregible marxista Raúl Wiener no desperdicia la ocasión para seguir echando sombras y dudas sobre el accionar de las FFAA:
"En solo tres semanas del ingreso de los militares a la guerra ayacuchana, las comunidades decidían eliminar a los subversivos que circulaban por sus territorios" (Raúl Wiener, 26/01/2013)
Claro que esta acción de legítima autodefensa de las comunidades campesinas le parece una cobardía y una acción nefasta al marxista Wienner, como a muchos otros izquierdistas que lo condenaron en su momento. Esas acciones valerosas fueron señaladas como la "guerra sucia del ejército". Pero lo cierto es que las FFAA acababan de llegar y aun no actuaban.

La izquierda peruana siempre ha jugado de taquito con Sendero Luminoso. Su aporte fue combatir a las FFAA y a la democracia mediante la guerra sucia de la desinformación, la dispersión de mentiras reiteradas que a fuerza de repetirse iban cobrando fuerza. Toda la izquierda peruana estaba empeñada en cubrir el accionar de Sendero Luminoso señalando los excesos de las FFAA. Incluso la CVR cumplió a cabalidad esta penosa labor al justificar sociológicamente la actuación de SL y condenar sin atenuantes a las FFAA. La estrategia general de la izquierda fue desviar el foco de atención hacia las inconductas de ciertos militares que sucumbieron a la crisis de guerra. Por cada linea de noticia sobre los crímenes de SL aparecían páginas de denuncias reiteradas contra las FFAA. Y así concluyó la última acción subversiva en la residencia del embajador japonés: con la condena de la CNDDHH al accionar de las FFAA y el enjuiciamiento de sus miembros.

En el caso concreto de la masacre de Uchuraccay la izquierda nunca dio tregua a las FFAA pese a todas las evidencias. Jamás han dado su brazo a torcer y hasta el día de hoy siguen en su empeño de inculpar a las FFAA. 
"Por eso la teoría de la confusión siempre tuvo serios límites y se convirtió casi en encubridora dentro del Informe de la Comisión Vargas Llosa" (Raúl Wiener, 26/01/2013).
"¿Se sabrá alguna vez lo que ocurrió? Creemos que no: cinco años de proceso judicial solo sirvieron para ocultar más la verdad tras una montaña de legajos. El juicio concluyó con la condena de dos comuneros a quince años de prisión" (La República, 26/01/2013).
En la campaña de histeria desinformativa en que se embarcó la izquierda peruana para aportar su granito de arena a las luchas que Sendero Luminoso libraba en el campo, se produjeron toneladas de mentiras y calumnias. Hubo alguien con enormes dotes de imaginación que se atrevió a señalar que en una de las fotos que se lograron revelar de la cámara de Willy Retto "se podían apreciar las botas de un militar disfrazado de comunero". Esta mentira se propagó rápidamente.

Sin duda el caso Uchuraccay pasará a la historia como una prueba tangible del triste papel que le tocó jugar a la izquierda peruana como consorte complaciente de Sendero Luminoso, enemiga del Estado, de la democracia y, muy en especial, de las FFAA.


Imagen de portada: una de las fotos de Willy Retto

1 comentario:

  1. Razones para la Guerra Popular se acabo desde que Velazco implemento la Reforma Agraria, un hecho que acabo con todos los parasitos feudalistas y mercantilistas, pero fue pesimamente implementada por tener Velazco entre sus asesores a gente de la izquierda almagrista, que no capacitaron a los campesinos del uso de la tierra (en esa parte Allende si hizo un buen trabajo en su reforma).

    Al tener las tierras en propiedad de las comunidades, estos se dieron cuenta que si SL llegaba al poder, sus tierras recien devueltas por la reforma, volverian a caer esta vez bajo la posecion del gran ESTADO GAMONAL.

    Recien se dieron cuenta que con las rondas campesinas, se pudo derrotar a esa lacra.

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