miércoles, 10 de octubre de 2012

Los infiltrados de izquierda


La actual izquierda peruana es un sector que se engendró en los 60 y 70, durante la fiebre marxista que invadió Latinoamérica en la posguerra, bajo el predominio del comunismo y la influencia de la revolución cubana. Como resultado de esa época la violencia se convirtió en estrategia política de la izquierda. Luego de 20 años de intoxicación marxista en las universidades, el Perú defecó finalmente al grupo más radical de la izquierda latinoamericana: el PCP-Sendero Luminoso. Pero la diarrea de izquierditis fue aún más amplia.

Sendero Luminoso no fue el único grupo evacuado por la cloaca del marxismo peruano. Fueron muchos. Con el retorno a la democracia en 1978 algunos de ellos decidieron participar de la "farsa electorera de la democracia burguesa", como la llamaron con desprecio clasista, y se presentaron a las elecciones dejando en claro que solo lo hacían para aprovechar todos los frentes de batalla. Su plan político dejaba en claro que estaban dispuestos a emplear todos los métodos legales e ilegales para "derrotar al Estado burgués". Así fue como participaron del Congreso Constituyente para finalmente negarse a firmar la Constitución.

Para las elecciones generales de 1980 volvieron a presentarse grupos de "izquierda electoral" bajo la misma consigna de infiltrar la democracia y el Estado. El candidato del UNIR, Horacio Zeballos, del SUTEP, cerró su campaña con un mitin en la Plaza San Martín levantando un fusil de juguete, y dejando en claro que no abandonaban la lucha armada. Aunque no ganaron la presidencia muchos marxistas ingresaron al Congreso y sirvieron como respaldo legal de Sendero Luminoso. Lejos de preocuparse por el terrorismo senderista la labor de estos parlamentarios fue mantener atadas de manos a las FFAA y PN, acosándolos con denuncias falsas y citaciones.

El mismo informe de la CVR admite que la "izquierda electoral" de los 80 nunca renunció a la lucha armada. Grupos como Izquierda Unida se convirtieron en los caballos de Troya usados por la izquierda para infectar la democracia y derribar al Estado complementando la labor de SL desde adentro. No tuvieron éxito pero nos provocaron miles de muertes y daños que sumaron decenas de miles de millones de dólares. Años después, esos mismos representantes de izquierda se convirtieron en miembros de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, eran dueños de ONGs de DDHH, y pasaron a ser académicos dando clases de moral política desde los medios.

Hoy existen nuevos caballos de Troya en la izquierda como los "Ciudadanos por el Cambio" y ese nuevo engendro "Fuerza Ciudadana". Hay que subrayar que la izquierda peruana nunca fue democrática. Ellos no creen en el sistema democrático representativo. Su ideal político es un Estado totalitario que encarne a la dictadura del proletariado. Sueñan con un gobierno que anule las libertades y la propiedad privada, al mejor estilo de Hugo Chávez, a quien admiran. El núcleo duro de estas agrupaciones de izquierda está conformado por los mismos radicales virulentos y lunáticos de los 60, 70 y 80, como Carlos Tapia y Javier Diez Canseco quienes siguen defendiendo las mismas ideas trasnochadas del ayer.

La infiltración marxista del Estado y la democracia tomó un nuevo giro al iniciar el siglo XXI. Huérfanos ya de modelos y financiación extranjera a causa del fracaso del comunismo, la izquierda marxista encontró en las ONGs de DDHH y en el ambientalismo una nueva fuente de financiación y de infiltración de la sociedad. La desaparición de los partidos políticos tradicionales facilitó la aparición de incapaces improvisados que llegaron al poder por extrañas circunstancias como las que rodearon a Valentín Paniagua y Alejandro Toledo en medio de la debacle fujimorista. Ese fue el momento crucial en el que la izquierda aprovechó para infectar el Estado como no lo había hecho nunca antes, pues ya no solo estaban en el Congreso sino en el gobierno bajo la forma de asesores, ministros y en la CVR.

Desde el gobierno, la izquierda ha jugado en pared con las ONGs facilitando que estas hagan grandes negocios con el Estado, sirviendo de base para la CVR y para la ejecución de sus recomendaciones. Están ansiosos por emprender la búsqueda de las supuestas "siete mil fosas" donde sueñan con hallar más de 50 mil cadáveres. Es el negociado que les quema las pestañas, mientras tanto no descansan en perseguir militares, disminuir las sentencias de los terroristas y darles jugosas reparaciones. Los infiltrados de izquierda en el poder han colocado al Estado de rodillas frente a las ONGs de DDHH y ante los grupos radicales más irracionales, como los que hoy controlan Cajamarca. Gracias a su iluminada asesoría han logrado que el Estado empiece a crecer sin control alguno. Hoy tenemos 19 ministerios pero el Estado es más débil e incapaz que antes. La burocracia y el presupuesto crecen pero los servicios y la seguridad empeoran. La izquierda infiltrada mantiene al Estado con las manos atadas frente a los grupos extremistas, bajo el pretexto de los DDHH. Estamos pues en la "Era de los DDHH". Aunque los únicos beneficiados son los terroristas y los radicales de izquierda.

El panorama que enfrentamos es sumamente peligroso: copamiento de la izquierda en la sociedad mediante periodistas, ONGs, ministros y asesores en el gobierno, y el renacer del terrorismo en varias formas. Los cuadros de Sendero Luminoso, liberados y por salir, se están agrupando. MOVADEF infiltró nuevamente las universidades y está formando cuadros, CONARE ya logró dividir el magisterio. La izquierda no se ha arrepentido de nada. No ha pedido perdón por la violencia de los 80, la CVR culpó de todo a la pobreza, y por último tampoco han renunciado a sus creencias marxistas. Están de nuevo allí marxistas "parlamentarios" y terroristas del ayer, bien posicionados y preparándose para actuar nuevamente, junto a una nueva generación de jóvenes incautos a quienes se les ha contado la historia al revés.