miércoles, 24 de octubre de 2012

El cinismo totalitario de izquierda


En estos días hemos tenido ocasión de observar, una vez más, el cinismo de la izquierda caviar levantando la voz para defender la libertad de expresión y la tolerancia. Nada menos. Resulta ridículo leer a los caviares que andan siempre en busca de controlar la prensa con escusas como eliminar los oligopolios, otorgarle espacios a las grandes mayorías o limitar la injerencia extranjera en la prensa. Proyectos que se hallan en el mamotreto de la Gran Transformación. Ahora piden respeto por la libertad de expresión. ¿Por qué?

De hecho son estos sectores llamados de "izquierda progresista" o neosocialistas del siglo XXI quienes perpetran los mayores atentados contra la libertad de expresión en países donde tienen el poder como Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia. En el Perú disfrutan de la libertad de expresión para mentir a sus anchas en sus medios, haciendo gala de intolerancia y totalitarismo al censurar los comentarios que no les gustan y eliminando columnistas incómodos, como ocurre en el portal rojo La Mula, donde simplemente se elimina a los muleros que resultan "incómodos". 

Por supuesto, yo puedo dar fe de ello porque mi blog "En busca del tiempo perdido" que abrí inocentemente en esa "plataforma bloguera" fue primero retirado de la vitrina de "muleros destacados" por criticar a la vaca sagrada Rocío Silva Santisteban, y luego bloqueado por defender a los comandos Chavín de Huantar de la histeria persecutoria de la CNDDHH, cuya cabeza es la mismísima vaca sagrada RSS.

Por eso nos ha causado gracia leer a esta noble caviarona en su columna de ayer, declamando a favor de la sacrosanta libertad de expresión y rasgándose las vestiduras por la tolerancia, a causa del rechazo público que ha merecido una nueva muestra de arte basura de la ya conocida artista psicótica Cristina Planas, quien padece de una obsesión enfermiza con los iconos religiosos, los que emplea constantemente para perpetrar groserías de mal gusto que ofenden a la comunidad católica.

No es la primera vez que Cristina Planas tiene problemas con las muestras de su arte basura. Ya en el 2008 su exposición "La migración de los santos" en la galería Vértice de San Isidro fue censurada por el municipio por ofender a la comunidad católica, aunque la razón ofrecida por el Municipio fue la falta de licencia. Quienes defienden estas atrocidades perpetradas por Crsitina Planas se ocultan en la siempre fácil y vaga justificación del "arte". Hay que dejar en claro que el "arte" es y ha sido siempre una ventana de expresión para toda clase de psicópatas y psicóticos. Hay artistas y "artistas". Es cierto que algunos psicóticos han logrado ser grandes artistas, como Van Gogh o Dali. Pero no se puede abrir la puerta del arte para permitir que cualquier expresión de demencia personal o vulgaridad exótica sea elevada a la categoría de "arte nuovo", revolucionario o vanguardista. A la basura hay que llamarla por su nombre.

Cristina Planas afirma que "el cuerpo desnudo no tiene nada de malo" para justificar una escultura de Cristo desnudo, con sus genitales expuestos. No importa cómo quiera justificar su arte. El hecho concreto es que utiliza iconos religiosos pertenecientes a una comunidad creyente a quien está ofendiendo. Nadie ha dicho nada por el cuerpo desnudo de la artista, pese a que tiene mucho de malo y feo. Pero utilizar personajes que tienen un gran significado para ciertas comunidades, grandes o pequeñas, es una ofensa que no se puede permitir. Y lo digo sin una pisca de cucufatería porque soy ateo. Igual rechazaría un supuesto arte que presenta a Miguel Grau calato. Eso es ofensivo.

Pero nada hay que estimule más el cerebro deteriorado de un progresista que todo aquello que signifique trasgresión y confrontación con los valores vigentes. Un demente de izquierda es alguien que solo piensa en confrontar y desvirtuar los valores del "sistema", valorando en cambio todos los contravalores como las extravagancias de la comunidad LGTB y el arte basura. Gritan y hacen marchas ruidosas cuando alguien toca sus contravalores sociales. Denuncian intolerancia y discriminación si afectan en lo más mínimo a los LGTB pero festejan y defienden el insulto si va dirigido a la Iglesia. Censuran cuando les viene en gana en sus medios bloqueando a los opinantes que no siguen su linea, pero chillan si sacan del aire a una entrevistadora histérica y malcriada, o reclaman tolerancia cuando se condena la falta de respeto a los valores de las comunidades creyentes.

Esta es pues la inmundicia de la izquierda con la que debemos aprender a tratar sin miedo. Ya es tiempo de confrontarlos en sus mismos espacios y con sus mismos modales.


DB